Nuestras voces e historias tienen poder. Nos liberan y nos conectan con quienes nos rodean. Nuestras canciones y poemas tienen poder. Nuestra risa tiene poder.
Agradezco a las amigas que me han aconsejado que compartir un poco más sobre mi conexión con Israel-Palestina y la lucha para la paz, libertad y seguridad de todes en esa región, podría aportar algo de valor aquí.
En realidad, lo que se denomina (a través de un lente mediático patriarcal) como la epidemia de soledad masculina, es en verdad una epidemia de violencia masculina.